Como ramas desnudas

por Elí Urbina Número Dos: Poesía


Foto por Geronimo Giqueaux

Como ramas desnudas,

en el pantano estábamos,

hombres deseosos y soberbios, vástagos

de todos los rincones

y todas las estirpes,

contemplando las ruinas dispersas y gruñendo: «¡Aquí

ya no tenemos nada!»

«¡Solo nos queda el tedio!»

«¡Se han gastado los dones y símbolos de ayer!»

Cuando hartos ya de todo,

nos pusimos en marcha,

seguimos el camino al lado del río negro

y dejamos atrás,

poco a poco, Chinpæpteh:

«¡Adiós, cuna de la nostalgia y los bastardos!»

Escasas provisiones

y bestias debiluchas

cargábamos a cuestas, y las aguas ciegas nos guiaron

tan lejos como pudieron,

y después se borraron,

como nosotros, entre tullidas nieblas. 

Así, con dedos alargados,

—sonámbulas esquirlas—,

voces airadas y pasos rotundos, andamos

a tientas, pisando huesos

sobre las arenas, huesos,

en busca de refugio, hasta que el sol se hundió.

El frío de la noche

ya mordía nuestras manos

cuando palpamos lanchas muertas en cuyos vientres

semienterrados nos metimos,

tiritando con rabia.

¡Ah, fue como sufrir muy lentamente

el odio de los dioses!

Algunos animales

sucumbieron de golpe —estatuas derrotadas—.

Otros cayeron

entre hórridas convulsiones,

con sal incrustada en los ojos ante la muerte. 

«Somos hombres perdidos»,

susurró alguien, y enseguida otro,

con palabras trémulas, añadió:

«Nosotros, los más jóvenes,

estamos condenados».

Solos entre las sombras, en el caliginoso vértigo,

consumimos entonces

el cáliz del silencio,

absorbiendo sus dones con la mirada grave,

y explorando los círculos

de los maderos óseos,

contemplamos las palabras girar con ellos,

—espirales del tiempo—

en busca de un escalofrío,

y, al fin, nos doblegamos al recordar con pena

los ya desamparados 

nombres de la ternura,

apodos que perdieron sus rostros para siempre,

y ansiamos el calor

de los antiguos lechos,

sí, como aquel que empuña a solas una estrella

y llora mientras arde,

tan silenciosamente,

y sentimos de nuevo las culpas del pasado,

aun cuando sosegamos

nuestro apetito absorto

con carnes renegridas y licores amargos.

 

ELÍ URBINA (Chimbote, Perú,1989). Poeta y director de la revista y editorial Santa Rabia Poetry. Ha publicado: «El abismo del hombre», Buenos Aires Poetry, 2020 (Argentina); «La patria del instante, 120 haiku», Alcorce Ediciones, 2023 (México); «Exŏdus», edición bilingüe español/inglés, Santa Rabia Poetry, 2022 y 2023 (Perú) y «L’ abisso dell’uomo», edición bilingüe español/italiano, Edizioni Arcoiris, 2023 (Italia). También es autor de las plaquettes: «La sal de las hienas», Plectro Editores, 2017 (Perú) y «Fábula de los burros salvajes», Editora BGR, 2022 (España). Su poesía ha sido traducida a varios idiomas y publicada en diversas antologías y revistas literarias del mundo. Su libro más reciente es la antología poética «Un hombre solo, un solo infierno», publicada en 2025 por Valparaíso Ediciones (España), que reúne lo más significativo de su obra escrita entre 2012 y 2024. Esta antología ha sido también traducida al rumano con el título «Un om singur, un singur infern» y publicada en Rumanía por el sello Cronedit el mismo año. 

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